3.05.2007

9. F i N

Es imposible llegar al cielo sin mojarse los pies. Existen cosas mistoriosas que suceden mientras la niña se sorprende al ver un árbol de frutos cuadrados. Al probarlos siente placer, pero no deja de extrañarle.
Es real que todo juego tiene que terminar, hasta siempre y gracias.

2.06.2007

8. Alejarse.

El mejor momento del año es cuando se está lejos de la urbe; lejos de uno mismo.

1.09.2007

7. Una menos.

Nadie creia que la abuela iba a vivir tanto tiempo.
Anciana de pocas pulgas como ella misma se definía, y peor cocinera del planeta según toda la familia.
Odiaba el momento cuando mi madre llena de sonrisas obligábame a pasar el fin de semana en casa de ella. Cuestiones de intimidad con mi padre, quién sabe.
La noche anterior al evento no podía dormir pensando en qué excusa poner para no ir y sobretodas las cosas preparando mi estómago para horiibles bifes a la plancha y sosas ensaladas.
El domingo por la noche, a veces muy por la noche mis padres me sacaban de la escena trágica, le sonreía a la abuela y me subía al auto lo más rápido posible.
Nunca le regalaba nada a nadie y cuando lo hacía existían tantos “mirá que viene de generación en generaciñon” ó “era de tu abuelo” que no daba ganas de aceptar el presente. A mi nunca me regaló nada, nada.
La abuela siempre andaba mal de algo y se quejaba de todo, en especial de mí ante mi madre: “el nene no me come, el nene tiene pensamientos raros, el nene lee libros de grandes” y miles de esas cosas que dice la gente muy mayor sin pensar siquiera el significado; para mi siempre fue muy mayor.
La anciana murió finalmente, todo un alivio.

1.03.2007

(paréntesis)

Soy un hombre con dudas, creo que ya todos los que leen lo saben. Ahora bien, para que esto continue debo escribir, no? Ahí es donde la duda se vuelve hormiga insistente. Escribo sobre:

- Sexualidad.
- Amigos.
- Familia.

Pueden proponer, de hecho escribo para que lo hagan.


Saludos a todos de la forman que consideren.

B.P.

12.21.2006

6. Un lugar.

Si hay olor a naftalina en el baño, me hace saber que estoy en el bar adecuado.

12.12.2006

5. La libertad.

"...calle con arbóles...chica pasa con temor."(*)
Tema que reproducía el mini componente cuando el timbre sonó y ella abajo esperaba que le abriera.
Mis padres durante muchos años vacacionaron el último fin de semana de enero. Nunca entendí porqué, ni siquiera preguntaba la razón de tan pocos días de vacaciones porque para mi era la libertad total; lo que todo adolescente desea. Los preparativos para su partida eran eternos, esos minutos antes de salir existía una rutina interminable. Mi madre era la encargada de hacer las valijas, sí las valijas, llevaban dos valijas y miles de bolsas con poco contenido; mi padre se dedicaba a protestar ante todo movimiento de ella. La ansiedad de ese hombre por salir a manejar cuatro o cinco horas seguidas mal dormido nunca la entendí. Siempre pensé que para el era terapéutico: manejar y sólo manejar sin cruzar palabra. También mi madre hacía una lista de cosas para hacer en su ausencia: comprar leche, comida para el gato, un par de cuentas por pagar, buscar la ropa del laverrap, el pollo hay que descongelarlo y las lentejas remojalas la noche anterior sino salen duras, cuidate si salís, llamamos cuando llegamos, el teléfono de la tía es ***-**** por cualquier cosa. Que raro me parecía que dejen un teléfono "por cualquier cosa" como si pudiera llamar a mi tía estando en la ducha para que baje o suba el calefón, en fin. Todo concluía con un "todo esto no va a entrar en el baúl". Mi madre se las ingeniaba y al fin partían.
Ella trabajaba en el kiosco de barrio, era unos años mayor que yo. Todo el año anterior pasé parte de mi vida comprando golosinas que jamás comía, bebidas ó cualquier cosa a cambio de una sonrisa, que linda su sonrisa de mucho diente y labio tentador. Ninguno de mis amigos sabía, ni nunca supo de ella.
Un viernes a fines de diciembre, ya decidido, la invité a salir. Iríamos a tomar una cerveza y de esa forma entre chin chin y chin chin le declararía mi amor. Ella con voz ronca me dijo que no, que con los cambios de clima su garganta estaba muy dañada, que lo dejáramos para otro día. Desde ese día no pasé mas por el kiosco hasta el día de la partida de mis padres. Toqué el timbre, era de esos negocios familiares que tmbién son vivienda, y ahí estaba ella: bronceada, el pelo un poco mas corto y hermosa como siempre. Me sonrió, ella pensaba que me había ido de vacaciones y agregó "me debés una salida". Frío, congelado por dentro y por fuera quedé estático, todavía recuerdo la gota de sudor que colgaba de mi flequillo al costado. "Te invito a comer a casa hoy a la noche". Aceptó con la condición que cocinara yo, compré unas drf y me fui.
A blem y aspiradora pasé casi todo el día. Gasté gran parte del dinero para las cuentas en el supermercado, me bañe y la esperé.
"...atrás de un vidrio...empañado..." esa noche dejaría de ser virgen.

11.27.2006

4. Dormir en casa ajena.

Toda la vida viví en departamento, por lo general entre los pisos tres y siete.
Esa noche de marzo saldría con algunos amigos del nuevo colegio. Yo era el nuevo y de alguna forma tenía que integrarme al grupo para poder pasar el resto del año en paz.
Mi teléfono a disco no andaba muy bien que digamos, por lo tanto tendría que esperar que me llamen. Esto significaba que al sonar el teléfono tendría que atender yo, ya que de hacerlo mi padre trataría mal a cualquier ser vivo que del otro lado se encuentre. Agazapado frente al aparato pasé horas. Finalmente ring ring. Hola tía, mamá está acostada pará que me fijo. Para mi eterna mala suerte. Mi madre, a la que los sábados le eran hostiles, atendió. Las charlas con mi tía eran eternas, está no fue la excepción. Cualquier minuto que pasase de mas era de vital importancia. Pasados diez minutos decidí muy astutamente y esquivando la mirada de mi padre, pasar por delante del cable y desconectarlo como si fuera un error. De esa manera mi madre no llamaría y daría por concluido el diálogo. Lo hice y funcionó. Ring ring. Al grito de "es para mi" atendí. Charla seca, coordenadas para el encuentro y mucho chau chau.
En el anterior grupo de amigos solíamos hacer salidas tranquilas en casa de alguno. Estos no eran como el anterior.
Nos juntamos en la casa del chico que siempre elegían primero en los picados de recreo. Cuando llegué, ya estaban todos parapetados alrededor de la mesa caoba bebiendo un licor. Yo nunca había bebido, ni fumado, ni siquiera casi juntado con amigos. Amablemente me invitaron a la ronda. Me sentía cómodo por el momento, hasta que uno sugirió "llamar a las chicas". Qué chicas, pensé mientras la realidad se distorcionaba. Claro, nuestras compañeras del colegio y si viniera ella sería aun mejor. Pero, mi vida es un eterno desatino, las chicas no eran propiamente las del colegio sino que del rubro cincuenta y nueve. Excentricos parecían los muchachos. El llamado lo hizo el grandote. Nunca supe su nombre ya que lo echaron del colegio semanas mas tarde por escupir a un profesor, y nunca llegué a hacer buenas migas. Bueno chicos, ahí vienen son tres: Clara, Pupi y Rocío. Seguíamos bebiendo.
Nunca había tenido relaciones sexuales y era de los que pensaba que la primera vez tendría que si ó si ser con Amor. La situación me ponía por demás incómodo.
Finalmente llegaron las chicas. Yo estaba derrumbado en el sillón color huevo y el mundo no se donde. Todo giraba y giraba. Jamás me había sentido tan mal. Ellos mientras tanto peleaban por ver quien pasaba primero y con quiern. Clara y Pupi eran desagradables y mas bien veteranas, Rocío era jóven con bigotes. Ya había decidido que mi primera vez no iba a ser en esas circunstancias.
Mientras las habitaciones estaban ocupadas con gemidos, decidí partir. Saludé de lejos a los perdedores del sorteo y encaré el camino de vuelta.
No podía caminar correctamente ni me acordaba que colectivo tomar para mi casa, por eso es que tomé la desición de caminar. Aire fresco me despabilaría. Caminé por muchos minutos, incontables minutos.
Al llegar a la puerta de mi departamento me sorprendió ver a una vecina que no había visto nunca. Muy amablemente me abrió la puerta y cuando su figura desapareció de mi vista y con la puerta ya cerrada con llave me dí cuenta que ese no era mi edificio. Eran las cuatro de la mañana. Tendría que esperar a que alguien salga y seguir mi eterna caminata.
El desayuno a las diez con el encargado me devolvió la vida, las disculpas que tuvo que pedir mi madre en la comisaria del barrio no fueron tan graves y mi debut tardó en llegar.